Inmunología y psicología: hacia un biomarcador de los estados depresivos en pacientes oncológicos

Antecedentes

Los estudios más recientes en el campo de la neuroinmunología han revelado la innegable influencia bidireccional que hay entre la fenomenología de los estados mentales y los fenómenos inmunológicos, fortaleciendo la -otrora inverosímil- hipótesis de la relación entre la mente y el cuerpo. Actualmente conocemos la existencia de una relación medible bioquímicamente entre el sistema inmunitario y la separación temprana, la esquizofrenia, y las diferentes manifestaciones del estrés y la depresión. Sin embargo, este tipo de hallazgos, ¿hasta qué punto nos permiten establecer actualmente una correlación operativa para la práctica cotidiana?

El objetivo de este trabajo es hacer un meta-análisis preliminar de la literatura disponible al respecto, con la evidencia más confiable de la relación que hay entre el sistema inmunitario y los estados depresivos en pacientes que presentan un cuadro oncológico. Seleccionamos estudios de asignación aleatoria a dos  brazos, con resultados disponibles, y que correlacionaran estados depresivos con modificaciones en el sistema inmunitario en pacientes con algún tipo de cáncer.

Pregunta clínica y método de búsqueda

La búsqueda se enfocó en publicaciones que compartiesen nuestra pregunta clínica particular: ¿pueden utilizarse hallazgos inmunitarios para evaluar la efectividad de un tratamiento antidepresivo? El resultado filtrado de MedWatch fue de 17 publicaciones, 6 de las cuales no tenían resumen disponible, y una publicación mezclaba en los mismos datos cohortes de estados ansiosos y estados depresivos. Finalmente una última publicación fue descartada al no contar con metodología coherente.

Para nuestro análisis nos quedamos con nueve publicaciones que cumplen con las definición de “estudio de asignación aleatoria controlado”, donde lo que se pretende es establecer una correlación entre los estados depresivos en pacientes oncológicos, y alteraciones en el sistema inmunitario donde hay una intervención ya sea psicológica, farmacológica o ambas.

Resultados

Sólo una publicación reportó una correlación positiva entre un tratamiento antidepresivo y un cambio en el sistema inmunológico. El resto de las publicaciones señalan que si bien las diversas intervenciones terapéuticas demuestran grados significativos de efectividad, no se puede establecer una correlación entre esta efectividad y algún indicador inmunológico.

Del total de estudios analizados, todos cumplen con una metodología válida, donde los pacientes fueron adecuadamente evaluados con escalas normalizadas (como el MADRS o el HADS) para identificar un estado basal de la depresión. Como parte del mismo registro basal, se tomaron mediciones de diversos indicadores del sistema inmunológico previamente asociados a estados depresivos: Cortisol, receptor soluble de interleucina-2 (sIL-2R), interleucina-8 (IL-8), factor de necrosis tumoral alfa (TNF-a), actividad celular de células NK, marcadores de céluas T y células B, interferón gamma y conteo de células T. En el caso del estudio con pacientes seropositivos se utilizó la variación de antígenos específicos.

En todas las intervenciones farmacológicas hubo cambios entre las mediciones basales de los indicadores inmunológicos, y las mediciones de comparación. Sin embargo estos cambios no pudieron ser correlacionados con la efectividad clínica del tratamiento antidepresivo.

Por otro lado, en todas las intervenciones no-farmacológicas hubo diferencia significativa entre la mejora clínica que reportaba el tratamiento investigado, y su comparador. Sólo una de las mejoras clínicas reportadas pudo ser correlacionada con un cambio en las mediciones del sistema inmunológico al compararla con el grupo control. En todas las demás, los casos donde se detectaban variaciones esperables en las mediciones del sistema inmunológico, las mismas variaciones eran detectables en el grupo control sin diferencia significativa entre un brazo y otro.

Análisis y limitantes

La comparación cruzada de datos permite corroborar dos cosas:

  1. Sí existe una relación entre la disminución de los marcadores del sistema inmunológico en los pacientes con algún cuadro cancerígeno, y la manifestación de estados depresivos.
  2. La relación entre la efectividad de un tratamiento antidepresivo en este tipo de pacientes y su efecto en el sistema inmunológico no es medible en el 89% de los escenarios estudiados.

 Todos los trabajos coinciden en que ello se debe a que los cambios medibles entre las variaciones de los marcadores del sistema inmune son demasiado sutiles, mientras que las comparaciones clínicas son más evidentes. Cabe destacar que el único caso en que las comparaciones fueron suficientemente notorias es en el caso donde se comparan los marcadores en pacientes antes y después de una intervención quirúrgica (mastectomía), que implica un cambio drástico en todos los niveles, desde el biológico al psicosocial.

Conclusiones

Nuestro análisis nos permite establecer que, si bien existe una disminución en los marcadores del sistema inmunológico en los pacientes que presentan un cuadro oncológico, y esta disminución es asociable a la manifestación de cuadros depresivos clínicamente medibles, no se pueden utilizar estos mismos marcadores para medir la eficacia de un tratamiento antidepresivo.

Por lo tanto, la idea de un biomarcador para la depresión sigue siendo parcialmente válida. Sabemos que valores disminuidos de estos marcadores nos ponen  ante un paciente que presentará un cuadro depresivo. Pero estos mismos valores dejan de ser útiles si el paciente ya se encuentra en tratamiento antidepresivo. La utilidad en la práctica clínica de esto, sigue siendo aún para la comprensión de los cuadros comórbidos en el caso de cuadros como el cáncer. Esto es, saber que el paciente con cáncer no presenta una depresión psicogénica, sino cabalmente relacionable a una disminución de niveles del sistema inmune, perfectamente relacionables con la depresión. Pero ello no significa que dicha depresión no sea tratable, con resultados clínicamente medibles.

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